¿Podemos fiarnos de nuestros sentidos?
Todo aquello que oímos, vemos, tocamos... no siempre es lo parecen ser, es decir, hemos podido comprobar en nuestro día a día que los sentidos nos fallan en numerosas ocasiones. ¿Quién nos asegura que no lo hacen siempre? ¿Realmente percibimos las cosas tal y como son?
Pero realmente estamos siendo engañados, por ejemplo, una persona daltónica es engañada por su mente dado que ve los colores de diferente forma que el resto de la sociedad. O en el momento en el que nos tapamos los ojos y tratamos de adivinar aquello que estamos tocando, o incluso cuando de pequeños no nos gustaba alguna comida o algún sabor y nos tapábamos la nariz con el fin de no notar ese sabor.
Esto viene dado porque no todos percibimos la realidad de la misma manera, eso se ve claramente en el ejemplo al que anteriormente nos hemos referido como “daltonismo”, el color azul es diferente para una persona daltónica que para una que no lo es.
Hay estudios científicos que demuestran que nuestros sentidos nos engañan, ¿pero hasta qué punto somos engañados? ¿Hasta qué punto nos dejamos engañar? ¿somos conscientes de que estamos siendo engañados?
Toda esta serie de preguntas, nos llevó a pensar si realmente este Dios al cual se le define como a un ser con una bondad suprema, quiere que vivamos en un mundo de engaño y mentira. Pero esto no es posible, puesto que Dios no sería coherente si quisiera que fuéramos engañados de esta forma.
Así pues, llegamos a la conclusión de que existe una figura maligna, que normalmente la sociedad la suele asociar al diablo o satanás que, y aun sin saberlo nosotros mismos, nos conduce mediante una serie de trampas al error, a la duda e incluso al engaño
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